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La mentira y Descartes monika rusch

La mentira y Descartes

Hace más de 20 años que pasó y todavía lo recuerdo como si fuera ayer…
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Estaba volando de Granada a Barcelona; observando la relajante vista de un cielo eternamente rojizo y con los ojos inundados de lágrimas… ¿Por qué? ¿Por qué a mí? No me lo merezco…

Llevaba unos meses saliendo con mi pareja; él salía de una separación y tras estar viviendo juntos unas semanas, me dijo que necesitaba tiempo para pensar, para reflexionar, que no quería empezar nada sin estar seguro…. Claro le dije, ningún problema…. Yo sabía que me quería y que estaba tan enamorado de mí como yo de él….

Pero antes de despegar llegó la noticia. Había vuelto con su esposa, estaba viviendo con ella….

No entendía nada… Acababa de hablar con él… ¡Me quería!

Cerré los ojos e intenté relajarme un poco; de repente vino a mi mente la teoría de Descartes; no sé porque, pero me acordé de…

La historia del pescador que cuando tiraba el sedal al río, si se fijaba detenidamente, veía que al entrar en el agua, éste cambiaba de ángulo… ¿Porque pasa esto? A medida que avanzaba el día y el sol iba cambiando su posición, el ángulo iba cambiando. Entonces entró en el agua, cogió el sedal y vio que el sedal no cambiaba de ángulo; que era el reflejo de la luz del sol que le “engañaba”. A partir de ahí sentó las bases de su teoría: Los sentidos me han engañado una vez, y pueden volver a engañarme. La razón me ha dicho la verdad. No volveré a fiarme de los sentidos y me fiaré de la razón…

En ese mismo instante decidí que, por mucho que me costara, no volvería con él.

Lo mismo pasa con las relaciones humanas, si una persona te miente mirándote a la cara, con una seguridad y tranquilidad imperturbables y lo descubres, mejor olvídate de ella; por mucho que creas que no lo volverá a hacer, siempre tendrás esa pizca de duda que te amargará la existencia hasta el fin de tus días. No se puede justificar la mentira, nunca.

Pasados unos días me llamó, explicándome porque me había mentido, que su ex amenazaba con depresión severa y su suegra le había rogado que volviera con ella una temporada… A lo que yo le contesté:

– Si me hubieras dicho la verdad, lo hubiera entendido; me has mentido a la cara, me has hecho sufrir, no merezco esto, ya no puedo volver a confiar en ti (en ese momento pensé que eran las palabras más difíciles que pronunciaría en mi vida).

Gracias por mentirme, de corazón, mi vida es mucho mejor ahora.