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El valor de la palabra

El VALOR DE LA PALABRA

Había quedado con Susan en su ático del barrio de Sarria Sant Gervasi de Barcelona; lo único que sabía era que quería venderlo y que ella venía de Londres. Mientras subía en el ascensor me imaginaba a la típica señora inglesa con su “salón de té”. Llamé a la puerta y cuando la abrió su estética me sorprendió; era una chica de unos 30 años, rubia, con el cuerpo muy pero que muy tatuado y varios piercings por el cuerpo. Era el año 2.002 y la moda tattoo/piercing no había llegado a Barcelona.
El ático tenía un aire muy bohemio y vintage, que no encajaba con su estilo. Congeniamos rápidamente y acordamos un precio real y una exclusiva. Durante la visita le pregunté como era que había comprado un piso en Barcelona.
Ella era hija “no reconocida” de un escritor británico que, a su muerte, testó el piso a su favor. Su infancia fue bastante complicada puesto que su madre disponía de pocos recursos económicos.
Tras varias visitas llegamos a un acuerdo con una pareja encantadora, que se había enamorado de la vivienda.
Dos días antes de firmar el contrato, otros clientes se empeñaron en que querían el piso a lo que les contesté que la propietaria había dado su palabra y no había marcha atrás. Ellos insistían e insistían, subieron la oferta varias veces, obteniendo su negativa; llegaron a subir la oferta 20.000 €. Entonces llamé a la propietaria y le dije que teníamos que vernos.
-Tenemos una oferta 20.000 € superior, sé que eres una mujer de palabra, pero no sé si tu palabra vale 20.000 €, eres tu quien debe decidir.
-Y tu que harías? – preguntó
-No me pongas en este compromiso – contesté – sé que te hace falta el dinero y no te quiero influenciar…
-Ya, pero quiero saber tu opinión.
-Hace muchos años leí una metáfora que habla de los principios, la ética los valores y la palabra. Llámame romántico, old fashioned o tonto si quieres, pero yo recuerdo que en la época de mis abuelos, la palabra y un apretón de manos tenían más valor que una firma ante notario. La metáfora dice así:
Iba un portaviones de la armada americana navegando en una noche brumosa. A lo lejos vio una pequeña luz y mediante señales de morse con luz le comunicó: “Vire 20º a babor o le arroyaremos” a lo que la luz contestó “Vire 20º a estribor o me arroyará”. El portaviones respondió: “¡Soy capitán de la armada americana! O vira 20º a babor o le arroyaremos” y la luz: “¡Soy marinero de segunda! O vira 20º a estribor o me arroyará”. Atónito el americano contestó: “¡Último aviso! ¡Soy un portaaviones de la armada americana! O vira 20º a babor o le arroyamos”, a lo que la luz contestó: “¡Último aviso! ¡Soy un faro!”. No hubo más mensajes. El portaviones viró 20º a estribor.
La palabra, los principios, los valores, son como faros. Si te los saltas te la pegas… Pero depende de ti.
Tras un silencio que hablaba por si solo me respondió; – Diles que no, que mi palabra no vale ni 20 ni 30 mil euros. Quiero tener la conciencia tranquila. Seré fiel a mi palabra, principios y valores.

¡Podemos cambiar el mundo!

Desde nuestra inmobiliaria de Barcelona agradecemos que nos leas.